Durante décadas, la ciencia sostuvo que el exceso de hierro en el cerebro contribuía a la muerte de neuronas dopaminérgicas en la enfermedad de Parkinson. Sin embargo, estudios recientes publicados en Journal of Clinical Investigation plantean un giro contundente: el problema no sería la sobrecarga, sino una deficiencia funcional de hierro en las neuronas responsables del movimiento.
Ensayos clínicos con deferiprona, un fármaco diseñado para eliminar hierro del cerebro, mostraron un efecto inesperado y alarmante: los pacientes con Parkinson, especialmente aquellos sin tratamiento previo, empeoraron de forma marcada. Este hallazgo contradice el modelo clásico y sugiere que retirar hierro puede agravar el daño neuronal.
Según los investigadores Ian Peikon y Nancy C. Andrews, aunque el cerebro pueda presentar altos niveles de hierro almacenado, el hierro realmente útil para las células —el hierro ferroso — estaría disminuido. Este desequilibrio impide procesos clave como la producción de dopamina y el funcionamiento mitocondrial, ambos esenciales para el control del movimiento.
La confusión se agrava porque las técnicas habituales de diagnóstico, como la resonancia magnética, solo detectan hierro almacenado y no distinguen si las neuronas tienen suficiente hierro funcional. Así, lo que parece una sobrecarga podría ocultar, en realidad, una carencia crítica dentro de las células dopaminérgicas.
Los autores sostienen que restaurar la biodisponibilidad del hierro —y no eliminarlo— podría ofrecer beneficios clínicos y abrir nuevas vías terapéuticas. La evidencia acumulada obliga a replantear estrategias actuales y sugiere que, en el Parkinson, limitar el hierro puede ser más dañino que ayudar, marcando uno de los cambios conceptuales más relevantes en la investigación de esta enfermedad en los últimos años.